27 de Julio

Hoy se cumplen cuatro años desde que partiste. Cuatro años desde aquella mañana en la que el calendario siguió avanzando para todos mientras mi vida empezaba a acostumbrarse a una forma distinta de tu presencia.


Tu fotografía ocupa un lugar especial en mi vida. Forma parte de los días, de ese recorrido cotidiano que siempre termina llevándome hasta tu mirada. Allí sigues, con esa serenidad que durante tantos años bastó para devolverle calma a mis inquietudes.

Hay conversaciones que nunca terminaron.

Aparecen mientras me tomo el café, cuando cierro el computador después de escribir una página o cuando la vida me deja frente a una decisión importante. Entonces vuelvo a escucharte.

Y también vuelvo a reír.

Todavía puedo verte haciendo aquel gesto enchoyada mientras decías, con una seguridad que desarmaba cualquier discusión: "Yo soy más libre que Colombia... porque Colombia tiene Constitución y yo no."

Siempre encontrabas la manera de sorprendernos. Vivías con una libertad que jamás necesitó explicaciones. Tus enseñanzas llegaron envueltas en la cotidianidad, en la manera de tratar a las personas, en la tranquilidad con la que enfrentabas los días y en esa capacidad de encontrar caminos para avanzar incluso en los momentos difíciles.

Muchas personas leen mis libros sin saber que, mucho antes de escribir la primera página, hubo una mujer que me enseñó a mirar el mundo con atención. Si alguna emoción logra llegar hasta quien me lee, es porque hace muchos años alguien sembró esa sensibilidad en mí.

Tú nunca escribiste un libro.

Y, sin embargo, estás en todos los que he escrito.

Hay una conversación que todavía me hace falta. Me habría gustado mostrarte estos años. Contarte que aquellos cuentos crecieron hasta convertirse en libros. Hablarte de las personas extraordinarias que la vida puso en mi camino. Sentarme a tu lado y leerte despacio alguna de mis historias, solo para esperar ese comentario tuyo que siempre encontraba algo que los demás pasábamos por alto.

Esta noche encendí una vela frente a tu fotografía.

La llama iluminó tu rostro y el mar del cuadro volvió a llenarse de luz. Permanecí allí un largo rato. El silencio tenía una calma conocida. La misma que tantas veces encontré a tu lado.

Gracias por haberme criado.
Gracias por haber hecho de la templanza y la ternura una forma de vivir.
Gracias por haberme regalado un ejemplo que sigue acompañando mis pasos.

Han pasado cuatro años.

Todavía hay noticias que quisiera darte primero a ti. Hay alegrías que siguen buscando tu mirada antes que la de nadie más.

A veces me descubro pensando en qué harías tú, escuchando con la misma paciencia o encontrando una salida inesperada donde otros solo alcanzan a ver dificultades. En esos momentos vuelves a aparecer con una naturalidad que ya forma parte de mi vida.

Mientras tu forma de amar siga viviendo en la manera en que intento vivir, mientras tu bondad encuentre lugar en mis decisiones y tu sensibilidad continúe respirando en cada palabra que escribo, nunca podré hablar de ti en pasado.

Porque tu vida, Mamabella, continúa dando frutos en la vida de quienes tuvimos el privilegio de amarte.

Y cada vez que alguien encuentre un poco de humanidad en mis palabras, en mi manera de escuchar o en la forma en que camino por la vida, también habrá conocido una parte de ti.

Comentarios

Entradas populares