Congreso Nacional de Transición Energética Justa y Adaptación al Cambio Climático
En el Congreso Nacional de Transición Energética Justa y Adaptación al Cambio Climático, confirmé algo que venía sintiendo desde hace tiempo, algunas conversaciones dejan de ser importantes y se vuelven pertinentes y necesarias.
Participé como conferencista compartiendo una reflexión nacida menos de los libros y más del territorio, de las comunidades, de la gestión diaria y de ver cómo grandes proyectos avanzan o se detienen por razones que no siempre aparecen en los informes.
Mi intervención llevó por título:
Licencia Social Para Operar en Contextos Complejos hacia la Transición Energética.
Al entrar al auditorio vi algo esperanzador, líderes sociales, jóvenes, empresarios, académicos, representantes públicos, comunidades étnicas y profesionales de distintas regiones reunidos alrededor de una misma pregunta, ¿cómo construir un futuro energético mejor?.
Y la respuesta, cada vez con más fuerza, apunta hacia el mismo lugar: la confianza.
Durante años pensamos que la transformación energética dependía principalmente de tecnología y aspectos técnicos, inversión, regulación e infraestructura. Todo eso sigue siendo indispensable. Pero hoy sabemos que no es suficiente.
Muchos proyectos no fracasan por falta de ingeniería. Fracasan por falta de legitimidad.
No se frenan porque no existan soluciones técnicas. Se frenan cuando la comunidad no entiende, no participa o no siente que ese futuro también le pertenece.
Por eso compartí una idea que resume buena parte del desafío actual:
La licencia legal permite operar.
La licencia social permite permanecer.
La primera la concede el marco institucional. La segunda la otorga el territorio, todos los días, a través de la confianza, el diálogo, el cumplimiento y la coherencia.
En energía esto es aún más profundo. Porque la energía no es un asunto lejano. Entra a la casa de la gente. Permite estudiar, trabajar, refrigerar alimentos, emprender, vivir con mayor seguridad.
Y cuando algo se vive de forma tan cercana, también se evalúa con memoria emocional.
Desde la experiencia del Caribe colombiano compartí una certeza ganada en terreno: Escuchar primero cambia más que imponer rápido.
Por esto hablé de una competencia que considero decisiva para esta época:
Sensibilidad Estratégica, la capacidad de leer lo que no aparece en el diagnóstico. Entender el tono, no solo el dato. Decidir con rigor, sin perder humanidad. Porque, cómo lo he venido exponiendo en otros escenarios, "El dato que no escucha, se vuelve ciego. Y la estrategia que no siente, se vuelve sorda."
Las preguntas están cambiando. Ya no basta con preguntar si tenemos infraestructura suficiente. La pregunta central ahora es otra: ¿Tenemos legitimidad suficiente para transformar con la gente?
Cierro con la frase con la que terminé la conferencia: "La transición energética no empieza en un panel solar. Empieza cuando una comunidad siente que también fue invitada al futuro."
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