Mimomamuel

Mimomamuel,

No sabes todavía lo que significa la palabra “caminar”, pero ya estás ensayando el arte de avanzar, y en ese impulso tuyo está la semilla de todo lo que serás. Ese gesto tuyo, de arrastrarte firme sobre el suelo, será el mismo con el que un día te sostendrás frente a comunidades, auditorios, libros, y también frente a silencios hondos.


La vida será una mezcla de desafíos y abrazos. Te tocará aprender a llorar con dignidad y a reír con gratitud. Vas a conocer la ternura de las abuelas, la exigencia de tu madre, la paciencia de tu padre, la compañía de los hermanos y la complicidad de los amigos. Vas a equivocarte, muchas veces, y cada error será un ladrillo secreto en el suelo que caminarás con los tuyos.

Eres nieto, hijo, hermano, papá en espera, escritor en ciernes, director de sueños colectivos. Pero ahora, en este instante, solo eres un niño curioso que mira el piso como si fuese un mapa. Y te confieso algo, lo es. Ese suelo que tocas es el primer territorio de todos los que habrás de cuidar, defender y habitar con dignidad.

No tengas prisa. No quieras ser adulto demasiado rápido. Todo llegará, los libros, la palabra, el amor, los proyectos, la memoria del Caribe que llevas tatuada en la piel. Y cuando te canses, recuerda que siempre podrás regresar aquí, a este piso de baldosas, a esta certeza sencilla de que empezaste andando de rodillas, pero siempre mirando hacia adelante.

Habrá días de vacío y días de plenitud. En ambos aprenderás. La ternura será tu escudo más fuerte, aunque algunos la confundan con fragilidad. Tu voz, la que ahora apenas se anuncia con balbuceos, un día será la herramienta con la que ayudarás a sanar, a inspirar y a convocar.

También habrá momentos en que el corazón conocerá la hondura de la ausencia. Habrá momentos en que la casa te mostrará sus huecos. Una silla quedará sin dueño, una habitación guardará un silencio más hondo de lo normal, y el aire se volverá pesado como si custodiara un secreto. En esas grietas descubrirás lo que significa la ausencia, aprenderás a abrazar con la memoria, a reconstruir desde lo que ya no está, a reconocer que incluso las despedidas dejan raíces escondidas que te sostienen.

Guarda siempre la memoria de este piso, cada baldosa será un recuerdo, cada grieta un aprendizaje. La vida te llevará a otros suelos, arenas ardientes, calles ruidosas, oficinas, auditorios, pueblos enteros, pero en todos ellos estará este mismo impulso tuyo, avanzar aunque duela, avanzar aunque no sepas todavía hacia dónde.

Y no estarás solo. Siempre habrá una mano, una mirada, una voz que te sostendrá en los momentos más difíciles. Y cuando no la encuentres, cuando creas que el silencio te rodea, acuérdate de ti mismo en esta foto: pequeño, terco, lleno de curiosidad. Esa será tu compañía más fiel.

Algún día escribirás sobre casas y abuelas, sobre territorios y comunidades, sobre bestias modernas y ternuras antiguas. Y aunque los demás lo llamen literatura, tú sabrás que en realidad no es otra cosa que tu manera de seguir gateando sobre el mundo, buscando caminos, tocando baldosas, abriendo mapas.

Sigue así, Mimomamuel. Tu impulso ya lo sabe, avanzar es el modo más humano de rezar.

Yo, el que escribe estas palabras, soy tú mismo con más años encima. Y aún me sostengo en esa fuerza tuya, la de no detenerte nunca.

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