Nadar contra la corriente: reflexiones desde el Índice de Inversión Social Privada
Nadar contra la corriente: reflexiones desde el Índice de Inversión Social Privada
Por: Víctor Manuel De Luque Vidal
Hace poco, en mi charla TEDx Barrio El Prado, compartí una idea que sigue latiendo con fuerza en mí:
“Porque el dato que no escucha, se vuelve ciego. Y la estrategia que no siente, se vuelve sorda.”
Hoy participo en la 4ta Cumbre de Inversión Social Privada, un espacio donde se presentan cifras, buenas prácticas y reflexiones sobre el rumbo de las empresas en su compromiso social. Pero más que un evento informativo, este escenario interpela. Nos plantea preguntas urgentes: ¿para qué invertimos? ¿A quién escuchamos cuando diseñamos? ¿Cuánto de lo que llamamos inversión se traduce realmente en transformación?
El Índice de Inversión Social Privada (IISP) es mucho más que una herramienta de medición. Es una brújula ética y estratégica que nos invita a mirarnos con honestidad y a reconocer que el desarrollo no se mide solo en recursos asignados, sino en dignidad sembrada. Nos llama a transitar la corresponsabilidad; pasar del impacto como resultado, al impacto como relación; de lo técnico, a lo profundamente humano.
Desde mi rol como Director de Gestión Comunitaria y Desarrollo Territorial en Air-e, he comprobado que los indicadores más valiosos no siempre caben en una hoja de cálculo. Están en la confianza que se recupera, en el usuario que vuelve a abrir la puerta, en la niña que ahora camina segura al colegio porque iluminamos su trayecto. Por eso celebro que el IISP reconozca no solo cuánto se invierte, sino cómo y con quién se hace.
Iniciativas como Mujeres que Transforman o Territorios de Equidad no habrían sido posibles sin una apuesta clara por nadar contra la corriente. Apostar por la energía como un acto culturalmente apropiado, por una educación energética desde el diálogo de saberes, o por una justicia tarifaria con enfoque territorial, es ir más allá de la cobertura para acercarnos verdaderamente al sentido.
Porque invertir en lo social no es mitigar el daño, es reimaginar el vínculo. Y eso exige sensibilidad estratégica, escucha activa, paciencia para los procesos y valentía para incomodarse.
El IISP 2025 no es un cierre, es un espejo. Refleja lo avanzado, sí, pero sobre todo nos revela lo que aún falta. Nos recuerda que el futuro no será sostenible si no es también sensible, si no se construye con las comunidades y no solo sobre ellas.
Desde donde estoy, con las botas puestas en los territorios y el alma en diálogo constante con quienes resisten con dignidad, reafirmo: vale la pena nadar contra la corriente.
Porque solo así, el progreso será también pertenencia.
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