Un anhelado encuentro
Un halo de expectativa, como una bruma antigua, se respiraba en el ambiente, cual si el mismísimo espíritu de nuestra querida Guajira hubiera convocado a sus hijos visionarios a un conclave. El espacio se llenó de voces, cada una portadora de un conocimiento, un legado ancestral que parecía resurgir de las entrañas mismas de nuestra tierra ocre.
La palabra circuló entonces, fluyendo como un río caudaloso que arrastraba consigo la fuerza de la unidad y la convicción de un propósito común. Como una forma de Yootopülee, en aquel círculo de la palabra, los títulos y las distinciones perdieron todo su sentido, pues allí todos eran sabios, custodios de un conocimiento que va más allá de los pergaminos y los grados académicos. Éramos, en ese instante, guardianes de una sabiduría que nace del territorio y se entrelaza con el alma misma de quienes lo habitan.
Paradójicamente, en medio de la vorágine del "desarrollo" que nos envuelve, nos dimos cuenta entonces de que antes éramos más civilizados, más autosuficientes. Ahora, en medio de la aceleración y el afán, nos habíamos perdido en un laberinto de conceptos ajenos a nuestra esencia. Y fue allí, en ese círculo místico de la palabra, donde decidimos volver a nuestras raíces, a ese legado invaluable que nos transmitieron nuestras abuelas, esas mujeres sabias que con su ejemplo nos enseñaron el valor del buen nombre y la educación del alma.
El tiempo, ese fluir constante que nos envuelve, pareció detenerse en aquel instante, dándonos la oportunidad de contemplar los detalles, de saborear cada palabra, de sentir la conexión profunda que nos unía a ese territorio que es nuestra Dama, La Guajira. Fue entonces cuando, desde el respeto por los principios y valores, y el entendimiento de la cosmología, abordamos los aspectos más técnicos y con el rigor metodológico, técnico y académico necesarios para trazar las rutas que permitan el abordaje de los retos que como territorio debemos enfrentar.
En medio de ese diálogo, encontramos la serenidad necesaria para tomar las decisiones que impactarán de manera positiva y duradera el bienestar colectivo de nuestra amada Guajira. Pues sabemos que el éxito no radica en la precipitación o la pasión desenfrenada, sino en la sabiduría de esperar, de escuchar, de tejer en unidad. Porque solo así, honrando nuestras raíces y abriendo nuestros corazones a la grandeza de nuestro territorio, podremos consolidar acciones que transformen y eleven el espíritu de nuestra gente.
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