Como el abismo azul
Déjame transportarte a un mundo donde la realidad y la fantasía se entrelazan en una danza perpetua, donde las letras son el hilo que teje los universos que cautivan a los que se sumergen en ellos.
Aquí, en este lugar cercano, donde la magia reside en el entretejido de las palabras, vive un hombre cuya pasión por las letras es tan profunda como ese abismo azul conocido como el océano. Él ha sido testigo de una mezcla de reacciones, algunas alentadoras, otras desconcertantes, ante sus escritos.
Es cierto que a veces recibimos comentarios que carecen de valoración y entendimiento. "¿Y ahora escribe?", "¿Y quién lee?", "¿Esos textos tan largos?", "¡Qué pérdida de tiempo!" Estas palabras pueden sonar desobligantes y desalentadoras, incluso cuando no se está pidiendo una opinión.
Pero, ¿qué tal si cambiáramos nuestra actitud? ¿Qué tal si en lugar de eso dijéramos: "¡Qué chévere que escribes! No conocía ese talento tuyo", o "Haré el propósito de leer un poco, hay que leer", o incluso "Apenas tenga tiempo, lo leeré un rato"? ¡Qué mundo más vivible sería si nos promovemos y apoyamos mutuamente!
Porque, la escritura es un acto de pasión, de expresión, de compartir un pedazo de nuestro ser con el mundo. No es una pérdida de tiempo, sino una oportunidad de conectar, de inspirar, de hacer que este mundo sea un poco más bello. Y si bien no todos serán lectores, aquellos que se acerquen a nuestras palabras con una mente abierta y un corazón dispuesto, encontrarán en ellas un tesoro invaluable.
Que tal si ampliamos nuestra mirada, y abrazamos la alegría del otro y nos damos la oportunidad de sumergirnos en esos "textos tan largos" con la misma disposición con la que un niño se sumerge en un libro lleno de magia. Porque en la literatura, en la escritura, yace la posibilidad de transformar, de crecer, de encontrar un eco a nuestras propias experiencias. Y eso, quiza, es lo que hace que este mundo sea un poco más vivible.
¿Y ahora escribe? ¡Qué maravilla! Debo decir que me llena de alegría saber que alguien más ha descubierto el regalo que este hombre ha dejado para el mundo. Sus palabras, se posan suavemente en el alma, dejando una huella imborrable.
¿Y quién lee? Tú y yo, somos parte de una hermandad de lectores que se deleitan en la riqueza de los textos. No importa si son largos o cortos, pues cada palabra es un tesoro que nos invita a sumergirnos en un mundo de posibilidades.
Esos textos tan largos, ¿una pérdida de tiempo? ¡No! Cada párrafo, cada oración, es un viaje que nos lleva a descubrir nuevas perspectivas, a valorar la cotidianidad de una manera más profunda. Es un regalo que debemos recibir con gratitud y paciencia.
¿por qué no hacemos un propósito de apoyar y promover el talento de aquellos que nos deleitan con sus palabras? Imagina un mundo donde celebramos el bienestar del otro, donde nos esforzamos por leer y comprender, donde el tiempo dedicado a los largos textos se convierte en un tesoro. Sería un mundo más empático, más bello, más cercano a la esencia de la humanidad.
Sigamos explorando juntos este maravilloso viaje de las letras, donde la realidad y la fantasía se entrelazan en una danza perpetua. Que nuestras palabras de aliento, nuestro apoyo y nuestra pasión por la lectura, sean el hilo que teja un mundo más comprensivo y lleno de maravillas.
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