Cada 27

Es un día soleado y con calor, como tantos otros. Sin embargo, hoy 27 de marzo, existía algo especial en el ambiente, una conexión invisible que resonaba en mi corazón y en mi alma.



Cada vez que el calendario marca 27, mi espíritu se llena de emociones encontradas, por múltiples razones. Sentimientos que se entrelazan entre sí, creando una maraña de alegría y melancolía. Ausencia y presencia se entrelazan en una danza etérea, como los hilos sutiles de una telaraña tejida por la mano invisible del destino.

Este día no es solo un número en el calendario, sino un tributo a los recuerdos que habitan en los confines de mi mente. Es un paseo por los retazos de una memoria que sigue viva, a pesar de los años y meses transcurridos.

Hoy me refiero a un día en el que puedo sentirte más cerca que nunca, Mamabella, como si tus caricias invisibles acariciaran mi piel y tus dulces susurros llenaran mi oído. Recibo la versión final, revisada y aprobada de mi próximo libro, donde en cada línea, en cada página escrita con tinta empapada de nostalgia, te encuentro a ti. Tu presencia se vislumbra entre las palabras, entre las comas y los puntos suspensivos. 

No puedo evitar sentir una profunda tristeza al recordar tu ausencia física, Mamabella. Aquella que dejó un vacío imposible de llenar en mi corazón. Pero también existe una chispa de felicidad, una luz que se niega a extinguirse, porque sé que tu presencia sigue aquí, cuidándome en cada paso.


En este 27, cuando se cumplen veinte meses de tu partida, recibo tambien con emoción esta versión final del libro dedicado a ti, a tu memoria y a todo lo que representas para mí. En cada palabra escrita, he vertido mi amor incondicional, mi gratitud eterna por haber sido la protagonista de mi vida, mi fuente inagotable de inspiración.

Este libro es mi manera de honrar tu legado, de compartir contigo en cada página, de inmortalizar nuestros momentos juntos. En cada foto descolorida, en cada anécdota narrada con devoción, resucitas en la memoria de quien lo lea. Mamabella, seguirás viva en cada corazón que se adentre en estas páginas.

Cierro los ojos y puedo sentirte aquí conmigo, como si el paso al otro lado no hubiera podido arrebatarte de mis brazos. Tu amor sigue siendo la fuerza motriz que impulsa mi pluma, la razón por la que continúo escribiendo, aunque el mundo me diga que ya no estás.

Cada 27 en mi vida es un día de amor, un día en el que conecto con tu presencia inmortal. A través de estas palabras, mi voz se une a la tuya, y juntos proclamamos al universo que nuestro amor trasciende el tiempo y las distancias y el espacio. Porque, aunque la vida nos haya separado físicamente, nuestro vínculo es eterno, indestructible.

Hoy me despojo de todas las etiquetas de escritor y me entrego por completo a ti, mamabella. Eres mi mayor inspiración, tu recuerdo y legado mi motivo para seguir adelante, incluso cuando la tristeza amenaza con engullirme. Gracias por existir en cada palabra que creo y por brindarme la oportunidad de recordarte y amarte a través de ellas.

En este 27 de marzo, sigo escribiendo para ti, para nosotros. Porque mientras exista la palabra y el poder de la escritura, nuestro amor seguirá vibrando en cada corazón que decida adentrarse en nuestras páginas, siempre y para siempre.

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