La ausencia que se ha instalado en mi vida

Han pasado 365 días desde aquel momento en el que el universo decidió arrebatarnos tu presencia, Mamabella. Aún hoy, el consuelo se niega a llegar y el dolor pareciera no tener límites. Nunca hablamos sobre el día en el que nos hiciéramos falta, pues siempre nos habíamos sabido eternos, indestructibles en nuestro amor. Sin embargo, ahora tu ausencia se hace patente en cada instante de mi existencia. 


Aun así, en este aniversario de tu partida, quiero expresarte mi interminable gratitud. Desde siempre supe que no habría vida que me alcanzara para agradecerte y entregarte todo el amor que mereces. Por eso, permíteme hoy, desde este rincón de recuerdos que nos pertenece, expresarte mi inmenso agradecimiento por haber compartido tu vida y tu amor conmigo.

Tu carácter, tu templanza, tu inigualable fuerza, son el pilar sobre el cual sostengo mi existencia en estos días grises de duelo. Solo con evocar esos atributos tuyos, encuentro la fuerza necesaria para sobreponerme a la tristeza que amenaza con arrastrarme al abismo. Así es como, a través de tu recuerdo, logro levantarme una y otra vez, a pesar de la ausencia que se ha instalado en mi vida.

Reconozco que ya no estás en este plano físico, que nuestro camino juntos ha tomado rumbos diferentes. Pero hoy, más que nunca, tu falta se hace más grande, más sentida. Tu amor, tus gestos, tus palabras, todo ello se ha convertido en la brújula que guía mis pasos en este mundo en el que te encuentras ausente.

Sé que el tiempo seguirá su marcha, inexorablemente llevándome a nuevos horizontes, pero mi corazón siempre llevará la huella imborrable de tu existencia en cada latido. Porque, aunque me faltes en este plano terrenal, tu esencia se mantiene viva en cada recuerdo, en cada pensamiento.

Hoy, en este primer aniversario de tu partida, quiero cerrar los ojos y transportarme a aquellos días en los que éramos uno solo, en los que el amor nos envolvía y abrazaba hasta no dejar espacio para el vacío. Quiero recordarte con alegría, con gratitud infinita, y permitir a esos recuerdos acompañarme en la travesía de esta vida sin ti.

Aunque el dolor persista y el vacío sea inmenso, sé que tu espíritu me acompaña en cada paso que doy. Me has enseñado a atravesar la oscuridad con entereza, con la certeza de que, aunque no puedas sostenerme físicamente, tu amor permanece como un faro de luz en mi camino.

Hoy, Mamabella, en este primer aniversario de tu partida, te digo gracias una vez más. Gracias por haber tocado mi corazón con tu presencia, gracias por haberme enseñado la verdadera grandeza del amor. Mi ser perpetuará tu memoria, y en cada pensamiento, en cada latido de mi corazón, encontrarás la prueba de que, a pesar de todo, nuestro vínculo trasciende la ausencia física.

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