Cuéntale tu cuento a La Nota Latina - La caja de mil platicos
Un año. Un velo de polvo que el tiempo, travieso, desata sobre los recuerdos, hace que el presente se funde en un paréntesis dorado y etéreo. Desde aquella mañana en que decidí soltar los nudos del miedo y atreverme a someter mis relatos al juicio ajeno; desde aquel instante en que la brisa de Miami me trajo un aliento nuevo, me acompaña el eco de mis palabras como una melodía en plenitud. En el vaivén de las horas, he aprendido que los cuentos son espejos, reflejos de lo que somos y de lo que aspiramos ser.
Entonces, como si el tiempo y la memoria jugaran a ser un solo hilo, me encuentro, un año después, con parte de mi historia escrita en unos pocos caracteres: La caja de mil platicos. Esta es la historia que se me escapó en fragmentos de risa y llanto, en palabras susurradas al oído de las noches estrelladas, un recuerdo que lleva en su esencia el yo que fui y el que aún no soy.
En este momento donde la realidad se entrelaza con la ficción, mis letras resuenan con la voz de ella, quien, en su sabiduría, me enseñó que cada palabra es un platico que guarda en su interior un banquete de historias. Historias que trascienden las épocas, que visten de colores los lienzos de nuestras tradiciones, que se alimentan de la gastronomía de los recuerdos y del calor del hogar. Al presentar este cuento, ofrezco mi alma al ruedo literario, y mi esencia, como un conjunto de platicos, espera resonar entre los selectos ecos de un concurso que palpita, año tras año, con un corazón que se atreve a compartir sus sueños.
El camino de un escritor no es un sendero de rosas, sino un laberinto de espejos que obligan a confrontar la soledad del proceso creativo y el océano de lo inesperado. En este año, en particular, de trabajo y estudio con los Brurrafalos, descubrí lo efímero de las certezas. Y, como el caprichoso viento de mi tierra, hoy celebro que mi cuento ha llegado a ser finalista en Cuéntale tu Cuento a La Nota Latina. De entre los cientos de relatos, mi voz ha sido escuchada, y eso, en un acto casi mágico, es un triunfo, un signo de que somos parte de algo mucho más grande.
El jurado, que con su pluma han dejado huella en el mundo literario, señala la calidad que los une, esa chispa que se descubre en las letras lúcidas. Sus palabras se escucharán en mi pecho como un tambor, recordándome que toda historia llevada a papel está entretejida de cultura, vida y esperanza. Alguien, en algún rincón del mundo, resonará con mis platicos; y en ese instante, las fronteras del tiempo se desdibujarán.
El 14 de octubre marcará un nuevo capítulo en este viaje interminable que es la literatura. Aunque la incertidumbre me acompañe, celebro las historias, las voces que emergen y, sobre todo, la posibilidad inmensa de, algún día, contarle al mundo mi historia completa. En el fondo, seguimos siendo aquellos que buscamos en la escritura, no solo un refugio, sino, tal vez, nuestra propia salvación en forma de un cuento de mil platicos.
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