Bajo la sombra de un campano
BAJO LA SOMBRA DE
UN CAMPANO
Por: Victor Manuel De Luque Vidal
Era un gusano verde, de movimientos
ágiles y avantes, que vivía a la sombra de un frondoso campano en esas tierras
fértiles. Observaba cada día cómo pasaba el tiempo, cómo las hojas caían y los
frutos maduros de sus árboles vecinos eran cosechados, pero él parecía inmóvil,
aferrado a su rama.
Un día, mientras contemplaba el
horizonte, escuchó una voz:
- ¿Por qué no te mueves, gusano? El
mundo está lleno de maravillas esperándote.
El gusano se sobresaltó, pues no
esperaba que nadie le hablara. Respondió con voz tímida:
- Es que... No conozco más, y da miedo.
Miedo a caer, a perderme, a no saber qué hay allá afuera. Aquí, bajo la sombra
del campano, me siento seguro.
La voz, ahora más cercana, le dijo:
- Pero mira a tu alrededor. ¿No ves cómo
las hojas caen, cómo los frutos se marchitan? El tiempo pasa y no espera a
nadie. Si te quedas aquí, te perderás todo lo que hay afuera.
El gusano lo meditó por unos instantes,
consciente de que la voz tenía razón. Miró hacia el horizonte y vio la
infinidad de posibilidades que le esperaban. Con un suspiro, soltó su agarre y
comenzó a moverse, lento al principio, pero cada vez con más agilidad y
determinación.
El gusano verde emprendió su viaje,
consciente de que las oportunidades perdidas no volverían, pero decidido a
aprovechar cada momento que el tiempo le regalaba. Sabía que el camino sería
incierto, pero eso ya no le importaba.
A medida que el gusano verde se
adentraba en el mundo desconocido, podía sentir cómo el aire fresco ahora tenía
otros aromas y que se impregnaban a su suave piel. Cada movimiento que daba lo
llenaba de una emoción que jamás había experimentado bajo la sombra de aquel
campano dejado atrás.
Conforme avanzaba, se encontró con una
gran roca que bloqueaba su camino. Durante un momento, la duda lo invadió. - ¿Y
ahora... ¿Hasta aquí llegué? Pensaba, ¿Y si quedo atrapado? - Pero entonces recordó las palabras de aquella
voz que lo había impulsado a salir de la sombra.
Con su cuerpo verde, blando y alargado,
comenzó a rodear la roca, buscando un camino que le permitiera trepar por
encima. Sus movimientos eran precisos, como si supiera exactamente qué hacer.
Finalmente, logró alcanzar la cima y contempló un paisaje que se extendía ante
sus ojos incrédulos de ver algo parecido.
Desde esa nueva perspectiva, pudo ver
las infinitas posibilidades que el mundo le ofrecía. Campos de flores, ríos
cristalinos, nubes que danzaban en el cielo. Todo era nuevo, todo era una
oportunidad.
Continuando su viaje, el gusano verde
pudo darse cuenta de que el tiempo no se detenía. Cada momento que pasaba era
irrecuperable, pero eso ya no le aterraba.
De pronto, divisó a lo lejos una
delicada flor que le pareció la más hermosa que hubiera visto. Sin dudar, se
acercó a ella, fascinado por sus colores y su delicado aroma. Y fue en ese
momento cuando comprendió que las oportunidades perdidas no importaban, pues el
presente era lo que realmente contaba.
Mientras el gusano verde se deleitaba
con el aroma de la hermosa flor, una sombra lo cubrió repentinamente. Alzó la
mirada y se encontró con un imponente pájaro que lo observaba fijamente.
- Vaya, vaya, pero miren quién se ha
aventurado a salir de su escondite - dijo el pájaro con una voz grave y
profunda.
El gusano verde se paralizó del miedo.
Había escuchado historias sobre las criaturas que habitaban más allá de la
sombra del campano, y temía que ese pájaro fuera una de ellas.
- ¿Quién eres tú y qué haces en mi
territorio? - preguntó el pájaro con tono amenazante.
El gusano, con voz temblorosa,
respondió: - Yo... yo sólo estaba conociendo un poco por aquí. No quería causar
ningún problema.
- ¿Conocer? - exclamó el pájaro,
soltando una carcajada - ¿Acaso no sabes que este es mi dominio? Aquí mando yo,
y no tolero intrusos.
Sin previo aviso, el enorme pájaro
extendió sus alas y se abalanzó sobre el gusano. Este, aterrorizado, intentó
escapar, pero sus movimientos ágiles no fueron suficientes para evitar el
ataque.
En un instante, todo se volvió
oscuridad. El gusano se sintió atrapado, envuelto por las garras del pájaro.
Pensó en su tranquila vida bajo la sombra del árbol de campano, añorando los
días en que no se había atrevido a salir de ahí.
Mientras su final parecía inevitable,
resonó en la mente del gusano verde las palabras que lo habían impulsado a
emprender este viaje. "El tiempo pasa y no espera a nadie". En un
último aliento, reunió todas sus fuerzas y comenzó a retorcerse, buscando una
manera de escapar.
Para su sorpresa, el pájaro pareció
desconcertado por la tenacidad del pequeño gusano. Aflojó su agarre, y en un
acto de desesperación, el gusano logró liberarse y caer sobre un caminante de
la zona y que lejos de asustarse y aplastarlo, admiró su color y movimientos.
El gusano verde, temblando aún por el susto, alzó tímidamente la mirada y
observó a un hombre de barba ceniza y semblante amable que lo miraba con
curiosidad.
- Pero mira nada más, ¿quién eres tú? -
preguntó el hombre con una voz serena.
El gusano tragó saliva antes de
responder.
- Yo... yo soy un gusano que se aventuró
a salir de la sombra del campano. Iba caminando cuando ese enorme pájaro... -
su voz se quebró al recordar el ataque.
El hombre asintió comprensivamente y se
agachó para observar más de cerca al gusano.
- Ya veo, así que te has arriesgado a
conocer el mundo más allá de tu refugio. Eso es algo muy valiente.
El gusano se sorprendió ante aquellas
palabras. ¿Valiente? Él se sentía más bien aterrado y arrepentido de haber
abandonado la seguridad de su hogar.
- Pero... ¿y si no puedo con todo esto?
- preguntó con voz temblorosa - ¿Y si me pierdo o me lastiman como ahora?
El hombre le dedicó una cálida sonrisa.
- Es normal tener miedo a lo
desconocido. Yo también lo sentí alguna vez cuando me aventuré a explorar el
mundo. Pero te diré un secreto: si logras superar ese miedo, encontrarás una
riqueza de experiencias y oportunidades que jamás habrías imaginado bajo la
sombra de un árbol.
El gusano atento a esas palabras se
sintió reconfortado por la empatía del hombre.
- ¿Crees que podré lograrlo? - preguntó
con un atisbo de esperanza.
- Por supuesto - respondió el hombre con
firmeza - Tienes algo especial dentro de ti, algo que te impulsó a salir de tu
sombra. Confía en eso y no dejes que el miedo o algún obstáculo te detenga. El
mundo está lleno de posibilidades esperándote.
Aquellas palabras fueron como un bálsamo
para el atormentado espíritu del gusano. Se sintió renovado, con una nueva
determinación brillando en sus ojos.
- Tienes razón - dijo con más seguridad
- No puedo quedarme atrapado en el pasado. Es hora de enfrentar lo que el
futuro me depare.
El hombre asintió, complacido, y con
cuidado sacudió al gusano con su mano, depositándolo suavemente en el suelo.
Ahí, acurrucado y aún un poco
tembloroso, el gusano verde se preguntaba si había tomado la decisión correcta
al abandonar su sombra. Pero en ese momento, supo que había llegado lejos y no
podía rendirse. Aún tenía oportunidades que no podía dejar pasar.
- ¿Entonces? Con carácter le habló aquel
hombre, continúa, ve y descubre todo lo que el mundo tiene para ofrecerte. Yo
estaré por aquí, observando tu viaje con la esperanza de que alcances grandes
cosas.
El gusano verde miró al amable hombre
con gratitud y, sin más demora, reanudó su recorrido, decidido a qué incluso
con miedo, seguiría andando. Con nuevos bríos, el gusano se aventuró a
continuar su viaje, dispuesto a enfrentar lo que viniera, consciente de que el
tiempo no esperaría por él.
Sintiéndose renovado por las palabras
alentadoras del amable caminante. Sabía que ya no podía volver a la seguridad
de la sombra del campano, pues el tiempo seguía su curso implacable.
Cuando avanzaba, el gusano pudo percibir
cómo su realidad comenzaba a cambiar. Sentía una extraña energía recorriendo
cada uno de sus segmentos, como si se preparara para algo importante. Sus
movimientos se volvían más sinuosos, más deliberados. Había una nueva
conciencia del mundo que lo rodeaba.
En cierto momento, el gusano se detuvo
frente a una laguna. La observó con fascinación, notando los pequeños detalles
en su superficie, la forma en que la luz se reflejaba sobre ella. Parecía ser
un cuerpo de agua común y corriente, y, sin embargo, el gusano la contemplaba
como si encerrara un misterio insondable.
Lentamente, el gusano rodeó la laguna,
explorándola con su preciso andar. Y entonces, algo ocurrió. Una sensación de
pesadez lo invadió, como si una fuerza invisible lo estuviera envolviendo. Su
cuerpo comenzó a endurecerse, a volverse más rígido. Aterrado, el gusano
intentó liberarse, pero era inútil. Estaba atrapado, transformándose en algo
que no reconocía.
Mientras su metamorfosis avanzaba, el
gusano se dio cuenta de que había perdido toda noción del tiempo. ¿Cuánto había
pasado desde que abandonó la sombra del campano? ¿Horas? ¿Días? Nada de eso
parecía importar ahora, pues su mundo se había reducido a la oscuridad que lo
rodeaba y a la sensación de cambio que lo dominaba.
En medio de su desesperación, el gusano
alcanzó a divisar una sombra que se proyectaba sobre él. Alzó la mirada y vio
la silueta de un enorme pájaro, muy similar al que lo había atacado
anteriormente. Pero esta vez, el gusano no sintió miedo. Algo en su interior le
decía que esta criatura no representaba una amenaza, sino que formaba parte de
un ciclo más grande, una danza en la que él ahora era un mero participante.
El pájaro se posó cerca del gusano y lo
observó con ojos inquisitivos. Casi parecía entender lo que estaba ocurriendo,
como si compartiera un conocimiento secreto sobre lo que el gusano estaba
experimentando.
Y en ese momento, el gusano comprendió
que su viaje, lejos de terminar, apenas estaba comenzando. Que el mundo más
allá de la sombra del campano escondía verdades y misterios que iban más allá
de su comprensión. Que el tiempo, ese implacable testigo, seguiría su curso,
sin detenerse por nadie.
Mientras su cuerpo se transformaba, el
gusano se aferró a esa certeza, sabiendo que tarde o temprano, emergería como
algo nuevo, algo que le permitiría vislumbrar la condición absurda y alienante
de su existencia. Porque en el fondo, él ya no era solo un gusano, sino un
símbolo de todo aquello que nos hace sentir la vida: el miedo al cambio, la
búsqueda de seguridad, la necesidad de encontrar nuestro lugar en el mundo.
Desde la sombra de aquel imponente
campano, el gusano verde emprendió su viaje hacia lo desconocido, camino a
convertirse en algo más allá de lo que alguna vez fue, un gusano.
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